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Efecto Bling!

El hogar donde las mujeres que llevan un negocio y una profesión hablan de lo que realmente (les) pasa

¿Para qué había empezado a hacer esto?

09/10/2026 Organízate!

Incluir proyectos nuevos en tu vida implica asumir el costo de los cambios. Pero pará… no comencemos por el medio. Retrocedamos algunos casilleros.

Soy una eterna romantizadora de la vida, y creo que uno puede tenerlo todo. Pero también soy una pragmática empedernida, por lo que bastante seguido me encuentro recalculando lo que «todo» es para mí.

Antes de hacer lugar, hay que saber dónde estamos

Qué vas a encontrar aquí

  • Antes de hacer lugar, hay que saber dónde estamos
  • No siempre fui protagonista
  • Primero entender. Después, hacer
  • Cuando el sistema empieza a picar
  • El asistente dictador
  • Hacer lugar para lo nuevo

Verás, TODO es al final NADA, si no nos tomamos el trabajo de discernir (eso de sacar la paja del trigo) y entender qué es TODO para nosotros AHORA. Por eso creo que el concepto de los «momentos vitales» es clave: como un timbre en el cerebro que se me activa y me invita a sentarme:

con mi mate, mi libreta horizontal, mi lapicera de pluma, mi lápiz mecánico. Con unos resaltadores, unos post it de distintos tamaños, y pila de hojas en blanco (mi set analógico para pensar) para dilucidar dónde estoy parada, qué traigo a la fiesta, qué debo soltar y qué es lo que me está emocionando ahora.

Yo lo veo como un rito de pasaje, como una toma de conciencia profunda y sobre todo como un acto de presencia que me hace habitar mi propia vida y ser su protagonista.

No siempre fui protagonista

Ojo que no siempre fue así. En más momentos de los que me da pudor contar me sentí actriz de reparto y en otros, me confieso, un simple decorado. Hoy, de pensar cómo pude llegar a ser una estatuilla en una vitrina me río, pero uf, amiga, cómo lloré aquella vez y cuanta culpa y pena tuve que drenar hasta estar de nuevo anunciada en letras de neón y bailando la tarantella.

Que me derivo.

Primero entender. Después, hacer

Cuestión: una entiende dónde está parada, con qué recursos cuenta; entiende quién es en ese momento, qué quiere lograr, qué es lo prioritario. Y con esto me refiero a LO prioritario, no lo urgente, no lo que se supone, no lo que me exige el mundo o yo misma… sino lo PRIORITARIO.

Y siempre, entre esas cosas, elijo que esté enhebrada la felicidad. No en mi tiempo libre, no en vacaciones o los fines de semana… en cada cosa que hago, especialmente en lo que es prioritario para mí. Después de definir las prioridades y bosquejar los horizontes llega el momento de aterrizarlo en acciones. A veces, dependiendo el tipo de proyecto, antes toca planificar.

Hay proyectos que tienen objetivos medibles y otros que están más vinculados con la identidad. Los primeros nos permiten elegir indicadores para comprobar si estamos avanzando hacia el resultado que buscamos. Los segundos no tienen una fecha de finalización clara: se trata de incorporar maneras de hacer, pensar o vivir que queremos que formen parte de quienes somos. Y ahí se complica entender cómo darnos cuenta de si estamos avanzando.

Cuando el sistema empieza a picar

Una de las cosas que abrazaba con excesiva fuerza eran los hábitos. Si quería convertirme en ESA persona, entonces debía comportarme como lo haría ESA persona. El tema con los hábitos es que tienen un espíritu de abrojo, una vez que se fijan, es muy difícil desprenderse de ellos.

¿Te pasa que incluís nuevos hábitos para sentirte mejor con vos misma y luego de un tiempo es como un yunque que te recuerda que es una cosa más que tachar en una larga lista de cosas que te quedaron sin hacer?

Así me sentí yo el otro día. Me salteé escribir en mi cuaderno un día; otro día me salteé la rutina de drenaje linfático de la mañana. Recién al cuarto día me di cuenta que mi ofuscamiento era por eso. Por eso que venía haciendo sin pensar y había dejado de hacer. ¿Qué me pasa?

¿Qué nos pasa?

Justo había estado pensando sobre el tema de las intersecciones (lo charlamos la semana pasada), y mientras barría mi casa con cara de pocos amigos una ficha cayó en el lugar correcto y comencé a reírme. Pero que naba !! ¿En qué momento un habito se convirtió en una cárcel? Ahí me di cuenta de que lo que creamos para facilitarnos la vida (los objetivos, los proyectos y/o los negocios) … puede ir perdiendo poco a poco el sentido hasta que terminamos haciendo las cosas «porque hay que hacerlas» y resistiendo como estoicas lo que en realidad no es preciso resistir.

El asistente dictador

¿Por qué nos emperramos en poner piedra sobre piedra en un camino sin pozos?  ¿Por qué un check en una lista de cosas que hacemos para sentirnos bien nos arrebata la felicidad cuando nos encontramos con más casillas vacías que completadas? ¿Por qué dejamos que los datos tomen decisiones sobre nuestra identidad?

Nos sentimos mal por no cumplir con las obligaciones que nosotras mismas nos cargamos para ser más eficientes, adecuadas, felices [coloque aquí su blabla favorito]. La vida nos dice, no, dejá… eso ya no es necesario. o nos susurra… estás segura de que es por ahí? y uno dale que te dale queriendo decirle a la vida lo que es mejor para ella.

Alguno vendrá con la idea del sesgo del costo hundido, otro vendrá con la respuesta de el autoboicot o el autoengaño, otro dirá que falta disciplina… y no es que no tengan razón o que la tengan, pero lo que me parece es que a veces el diagnóstico de la situación nos hace creer que ya la tenemos resuelta. El consuelo del bobo, le llamo. Ya caí en esa trampa demasiadas veces, por eso escapo de ahi como  de la peste.

Hacer lugar para lo nuevo

Y aquí llegamos al costo de los nuevos proyectos.

Si hay que hacer lugar para lo nuevo, hay que soltar lo que ya no tiene sentido. ¿Por qué nos cuesta? ¿Por qué confundimos honrar algo con tener que cargarlo hasta el fin de nuestros días? En eso me saco el sombrero con lo que Marie Kondo y el minimalismo nos enseñaron. Y no me refiero a tener pocas cosas, sino a agradecer lo que nos dio felicidad o nos enseñó algo, dejarlo ir, y elegir  qué queremos seguir cargando y cuidando.  Confiar es parte de ese proceso.

Ahora vayamos un poco más allá. Lo que el hecho te tener y conservar encierra. La búsqueda de seguridad es el mecanismo fundacional del humano, este mecanismo nace en el instinto de supervivencia e influye en nuestras decisiones y nuestras conductas. Recordar que necesitamos cierta estabilidad para movernos por el mundo nos permite mirarnos con más compasión y entender por qué hacemos lo que hacemos.

En todo esto los hábitos tienen su lugar en la mesa. Convengamos que los hábitos nacen de alguna necesidad o de la búsqueda de gratificación y que, por el mismo motivo, pueden dejar de acompañarnos. El día que un habito se convierte en una carga mental más, quizás sea tiempo de charlar con el y entender qué es lo que esta pasando entre nosotros.

¿Para que elegimos ese hábito en un primer momento?

Por ejemplo, escribir: ¿Para liberar la mente? Ok, ¿qué pasa si ese día puedo liberar la mente escribiendo en este blog? ¿Por qué tengo que hacerlo en mi cuaderno? Y ¿qué pasa si otro día me levanto liviana y enfocada? ¿Debería desenfocarme y conectarme con algún pensamiento perdido en lo recóndito de mi mente para cumplir con una estadística en mi bullet journal o en mi Notion?

Yo creo que no, Willis.

Yo creo que la vida es impermanencia, incertidumbre, cambio y que, a veces, por aferrarnos a la seguridad y la eficiencia solidificamos nuestras acciones hasta convertirnos en piedras. Lo que alguna vez elegimos para facilitarnos la vida la termina complicando. Y en el intento de ser más productivas, podemos terminar dedicando más energía a cumplir con nuestras propias reglas que a conseguir aquello que nos llevó a ponerlas. Sacrificamos nuestra felicidad en pos de la productividad, en vez de usar la productividad para enriquecerla.

¿Por qué?

porque dejamos de revisar la relación entre lo que hacemos, lo que medimos y lo que queríamos conseguir…

y este es todo un tema al que prestarle atención, amiga, no sea que, por hacer las cosas cada vez mejor, terminemos olvidándonos de para que las hacíamos en primer lugar.  ¿Qué lugar nos queda para lo nuevo si seguimos dedicando tanto espacio a cumplir con lo que alguna vez elegimos?

No sé, me quedé pensando.

Hasta aquí el post de hoy, gracias por quedarte hasta el final, amiga, y si te llevás algo de esta lectura, que sea una buena pregunta.

¿Recién llegada?

Aquí encantada de conversar con vos sobre el tema, si te apetece.
¿Te leo en los comentarios?

 

 


PD:
después de releer mi post me recordé de esta maravilla y te la comparto (para escuchar con los ojos cerrados y el alma abierta)

Para seguir explorando

  • Cómo dejar programado tu post en WordPress y en blogger
  • Paso a paso: cómo organizar tareas
  • Revisionismo pragmático: un balance que suma
Apagué el móvil y me fui al bosque

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Aquí Cin


Empecé con una revista en papel en 1996 y nunca paré de explorar.

Hoy me interesa lo que nadie enseña en los cursos de management: qué pasa emocionalmente cuando sos vos quien toma todas las decisiones, cargás con la
visión, lidiás con el equipo, y además intentás no perderte en el camino.

Emprendedores, pymes, negocios familiares, intraemprendedores. Personas que construyen algo propio y a veces no saben bien dónde termina el negocio y dónde empiezan ellas.

De eso escribo acá.

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