
La sinergia vivificante de las chicas bling!
Hace unos días compartí en un reel de instagram (que fue primero en una storie)
«Hace rato que siento que las redes son como un paseo por el centro comercial de una gran ciudad. Lleno de negocios, de cartelitos de neón y de conversaciones fragmentadas.
Uno puede encontrarse con gente interesante, pero hay demasiado ruido y demasiadas prisas como para conversar, pero conversar de verdad.»
Me preguntaba, mientras lo publicaba, cuánto conversamos realmente. La pregunta tuvo pronto una respuesta, una que me regaló un sentimiento de algarabía y certeza.
A partir de esa idea simple empezaron a aparecer respuestas, mensajes y conversaciones de lo más interesante con algunas de ustedes, mis #chicasbling y alguna de mis #chicascap y eso… ay, les juro, eso me hizo retomar la fe en la humanidad. Las comparto aquí debajo en los comentarios, para que podamos seguir conversando.
Fue una sensación hermosa darme cuenta que no estoy tan sola en esta observación, que son las cosas simples las que nos hacen amar la vida.
Que quizás necesitamos otros espacios sin urgencias ni demandas ni obligaciones.
Un espacio amable al que elegir. Un lugar al que entrar cuando tenemos ganas de pensar, conversar, descubrir algo, compartir una idea o simplemente ver qué está pasando por ahí.
Sin tener que demostrar nada. Sin tener que llegar con una respuesta o una propuesta. Y, sobre todo, (por el amor a Dior) sin que todo tenga que convertirse en contenido, estrategia, productividad o negocio.
Así que aquí estoy, probando esto.
Tendí la mesa, dejé el pan al sol y abrí las puertas.
Todavía no sé hacia dónde va, y, para ser honesta, tampoco quiero saberlo ahora. Solo se que tenia este latido que se hacia cada vez más y más fuerte y que antes de entender qué es elijo dejarlo libre, a su aire, repicando y correteando, encontrándose con almas bellas, talentosas, curiosas, creativas, inquietas.
Quiero ver quién aparece, qué conversaciones se abren, qué preguntas nos quedan dando vueltas y qué cosas nos dan ganas de seguir explorando.
Por ahora, me alcanza con eso.
¿Qué sentís vos? ¿Qué te gustaría encontrar en un espacio así?

Cin
¿Y si Instagram no fuera nuestra casa? ¿y si lo que extrañamos de las redes fuera en realidad lo que sentíamos al entrar en ellas y lo que íbamos a buscar?
Notas de Azahar me contó que hace poco armó un Substack y que está en plena construcción de ese nuevo espacio. Me hizo pensar que quizás no estamos buscando otra red social. Quizás estamos buscando otra forma de encontrarnos.
Ale Lagos contó que usa las redes principalmente como vidriera de su trabajo, pero que quisiera recuperar la autonomía sobre qué ve y cuándo lo ve.
Estefi López habló de la saturación de publicidad. Jenny Melo está queriendo escribir, pero sin saber todavía dónde hacerlo y sin la presión de los likes. Y Gloria lo resumió en cuatro palabras: “Está aburrida esta red”.
Pao de Organic Store sumó un temón mucha perfección y un uso de la IA que empieza a hacer difícil saber qué es real y qué no.
Hay algo que aparece detrás de todo esto: queremos recuperar la posibilidad de elegir qué mirar, qué compartir, dónde escribir y, sobre todo, con quién conversar. Queremos volver a encontrar algo que se sienta real.
En el medio apareció otra conversación todavía más incómoda: ¿qué pasa cuando nuestra identidad profesional empieza a depender de un canal que no controlamos?
Cecilia Olive lo llevó hasta ahí: si perder una cuenta puede sentirse como perder una parte de nuestra identidad, quizás estamos poniendo demasiado de nuestra vida en un lugar que, en realidad, ni siquiera nos pertenece.
Y entonces me quedó esta pregunta:
¿Las redes son nuestra casa, nuestra vidriera o un cachito de nuestra identidad?
Me interesa saber cómo lo están viviendo ustedes.